The Zeltia's World


"Aprendí a ver el mundo con la fascinación y curiosidad de un niño y el escepticismo y desconfianza de un anciano para disfrutarlo sin decepcionarme"

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viernes, 17 de agosto de 2018

Decimando bronca



Decimando bronca
(Décimas para no dormir)

I
Muchos me han preguntado
el porqué de esta poesía.
Levantarme cada día
pensando en verso rimado,
cuando mejor expresado
con un somero discurso,
sería el mejor recurso
a tanto ritmo y monserga,
empleando bien la jerga,
cual obra para concurso.

II
No necesito ni espero
beneplácito popular,
cuando se trata de opinar
lo suelto al punto y certero,
nada queda en el tintero
si hay tramoya por descubrir,
me dispongo rauda a escribir
qué ha pasado, cuando y donde,
mi contundencia responde
ante quien pretende oprimir.

III
Si el asunto lo requiere,
no reparo en manifestar
pensamientos sin suavizar,
que al más crápula zahiere.
Severidad que confiere,
sin ánimos de venganza,
equilibrio a la balanza
de una justicia burlada
por cretinos que en manada
a buscar presas se lanza.

IV
Con una ley ciega y sorda
que apoya lacras de manual,
y cuya táctica habitual
es hacer la vista gorda.
¿Quién va a frenar a esta horda,
gentuza que viola y mata?
¿Necios de traje y corbata
que hacen del mundo su coto?
Juez, en paradero ignoto,
se ha fugado como rata.

V
Hoy nada es lo que parece,
ni los valores son tales.
Culpan de todos los males
al pobre que los padece.
Sociedad que compadece
al corrupto y asesino
se apartó del buen camino,
por transar en su perjuicio
sacando todo de quicio,
incurriendo en desatino.

VI
Insaciables, pervertidos,
ni un ápice de decencia.
Fundan todo en la apariencia,
gorrones empedernidos,
cuyos engaños urdidos
con desvergüenza celebran,
las arcas del pueblo quiebran
entre tramas millonarias.
Sus vidas parasitarias
impunemente requiebran.

VII
¿Libertad o libertinaje?
Sea político o banquero,
como pirata o ratero
no hay suficiente blindaje
para frenar el pillaje
cuando el erario rebosa,
teniendo en mente una cosa
apoltronarse en el poder
para ser libres de imponer
su indecencia más luctuosa.

VIII
Mientras el pueblo atontado
en la apatía anodina,
con mansedumbre bobina
asume que está obligado
a cargar con el legado,
de ese poder corrompido
porque ese voto ha valido
para darles carta blanca
y a cambio los de la Banca
nos rematan hasta el nido.

IX
Satisfecho de sí mismo
pavoneándose va henchido,
aforado y protegido
quién mangó en absolutismo
echando al pueblo al abismo.
mientras la masa babeante
por asunto irrelevante
se revuelca y manifiesta,
pero ni un grillo protesta
cuando el dolo es importante.

X
Desazón ante lo injusto,
cada día se respira
alimentando la ira
que enraíza cual arbusto,
para aflicción y disgusto
de quien no aprueba ni es parte
del botín que se reparte
entre unos cuantos cuatreros
dejando pueblos en cueros,
despojos para el descarte.

XI
Con los valores perdidos
la sociedad se derrumba
convirtiéndose en la tumba
de los que están más hundidos,
silenciados e impedidos
de tener escapatoria,
girando en macabra noria
alternan instantes gratos,
entre miseria y maltratos,
cual materia obligatoria.

XII
Mientras los anestesiados
defensores del ultraje,
infaltable borregaje,
por sus caciques arreados
abducidos y castrados,
con la conciencia amputada
se prostituyen por nada,
cual Síndrome de Estocolmo
los protegen hasta el colmo.
“Entre bueyes no hay cornada”.


Por Zeltia G.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Vientos blancos




Vientos Blancos

Al frío abrazo del tiempo dejada
entre los vientos blancos del olvido,
silencios consentidos, sin sentido,
acallaron los labios de su amada.

A noches de vigilia confinado,
en sueños de nostalgia sempiterna
librando a diario una cruel lucha interna.
Desvaríos de amante enajenado.

La indiferencia fue el cóctel amargo
que escribió el epílogo del romance.
Historia como tantas, sin más chance,

que el acabar sumidas en letargo,
entre ascuas de un Parnaso perdido
que céfiro implacable ha esparcido.


Por Zeltia G.


domingo, 5 de noviembre de 2017

Enredada



Enredada

Mudo hastío por engullir rutina,
aturdida en el humo de las redes,
viciada en la placidez anodina
hasta el punto que dejar ya no puedes.

El sol pasa por el cielo inadvertido
y la vida se va sin dejar huella.
Yo aquí, perpetuando el sinsentido
confinada cual genio en su botella.

¿Cómo escapar de aquello que te lía,
dando al fin el portazo contundente?
De dónde he de quitar la valentía

que me ayude a salir de este torrente?
Como tantos, sumida en el dilema:
¡Me dispongo a darle un Like a este tema!


Zeltia G.


Un humilde homenaje para los millones de adictos a las redes sociales.


martes, 14 de marzo de 2017

Todo un profesional





Todo un profesional

Saldría como todos los días. Un ritual que llevaba cumpliendo desde hacía… Ya había perdido la cuenta.
Había comenzado por desesperada necesidad. Pero conforme pasaba el tiempo, se convirtió en un modo de vida.  Se levantaba todas las mañanas, apenas despuntaba el primer rayo de sol, miraba por la ventana de su apartamento en el catorceavo piso, del edificio Gran Avenida. No era ostentoso, pero tampoco se lo podía catalogar de modesto. Disponía de todo aquello que cualquier mortal, espera de la vida: un excelente  mobiliario, televisión de plasma de 47”, con lectora de Dvd, televisión satelital y un  equipo de música  que jamás lo pondría a todo volumen pues estallarían los cristales.  La cocina amoblada con buen gusto y lo último en tecnología. Hasta un comedero para el gato automatizado.
Pero lo cierto es que pese a vivir como un potentado, en su garaje descansaba un BMW de unos años de antigüedad, pero impecable. No se tenía noticias de que “Tico” (diminutivo de Vicente), lidiara con empleados en alguna fábrica. No se desempeñaba como político tampoco. Era una persona afable, de buenos modales y muy sencillo.
Bebió su café, se levantó del sillón de piel con sistema de masaje y pensativo dirigió su mirada hacia la ventana. Iba a ser un día bueno, las temperaturas no bajarían, de modo que no saldría abrigado. Llevaba una camisa de mangas cortas, un pantalón de tela liviana, una boina y gafas negras. Un atuendo poco adecuado para un señor de su posición.
Al acercarse a la puerta, cogió del paragüero de alpaca labrada, un bastón blanco. Salió, cerró la puerta de cierre magnético. Subió al ascensor.  El empleado le saludó con deferencia. Una vez en planta baja, salió a la calle. Fue hacia el metro, a dos manzanas de allí. Pasó por el lateral de la boletería (los incapacitados visuales no pagan).  Se dirigió hasta la terminal y una vez allí se apostó junto a las escaleras mecánicas, colocando prolijamente la boina en el suelo.




Por Zeltia G.



jueves, 9 de marzo de 2017

Mare Nostrum de los olvidados





Mare Nostrum de los olvidados

Miles se hicieron a la mar
escapando de la guerra,
atrás amores y tierra
ese arraigo que a su pesar,
entre lágrimas y bogar
tuvieron que dar la espalda
y en el líquido esmeralda,
sin brújula ni certeza,
se lanzaron de cabeza.
Incertidumbre que escalda.

Los sueños fueron su guía
porque soñar nada cuesta.
La otra orilla es la respuesta,
lo que todo el mundo ansía.
Tal vez comer cada día
sin oler a sangre y muerte,
que no se trata de  suerte,
hay que buscarse la vida
quizás, de forma atrevida:
la que mata o hace fuerte.

Pero lo cierto es, sin duda,
que no es un cuento de hadas.
Libertades usurpadas,
la justicia sordomuda.
Tarde llegará la ayuda
cuando la mar se enfurezca
y ante sus ojos parezca
el infierno desatado.
El destino se ha fijado
para el que viva o perezca.

Tantos sueños olvidados
 como malogradas vidas,
se acumulan salvavidas
como desafortunados.
Niños de ojitos alados
arrullados por las olas,
entre vaivén y cabriolas
Mare Nostrum les acuna.
Se durmieron con la luna,
  manitas de caracolas.

Triste paisaje resulta,
discordante y sin sentido.
Un gentío distendido,
ante tragedia insepulta
y que ni siquiera oculta
su mirar de frío morbo,
mientras rodea el estorbo
que importuna su recreo.
Indolencia que no creo,
pueda soportar de un sorbo.

La agonía se acumula
ante el muro del cinismo.
Vivo o muerto, da lo mismo,
Gran Amo solo especula
empecinado cual mula,
si hacer o no lo correcto,
mientras urde el plan perfecto
para evitar dar refugio.
Maestros del subterfugio,
Señores de un mundo abyecto.



Zeltia G.



sábado, 21 de enero de 2017

La distancia



La distancia


Distancia, condición que nos impide
disfrutar del encuentro en un abrazo,
fuerte vínculo que ciñe cual lazo
y así, la relación se consolide.

Dicen que “lo que no une, divide”,
esa ausencia cual infecto arañazo,
se va filtrando  pedazo a pedazo
hasta conseguir que todo se olvide.

El punto de inflexión es que soñamos,
 allí es donde lo imposible se concreta!
De ahí surge la magia del poeta.

A través de sus versos alcanzamos
una perfecta unión, cuasi divina.
El maná de la Musa celestina.



Por Zeltia G.




viernes, 20 de enero de 2017

Fría noche



Fría noche 


El frío de la noche me confina
al duelo del insomnio tan temido,
sin sueños donde huir de esta rutina,
sin roces de un romance compartido.

Tú, Morfeo bribón!, ¿por qué me ignoras
imponiendo el mutismo en tu descuido?
Tras el paso indolente de las horas,
se repliegan mis Musas al olvido.

Aunque el mapa al Parnaso haya perdido,
nostálgica resisto esta condena
mientras deambulando va mi alma en pena.

Esta noche tendré un cirio encendido,
por si se dispone a entrar en escena…
Mas el reloj ya ha agotado su arena.


Zeltia G.


miércoles, 18 de enero de 2017

Corcel



Corcel

Cual soberbio corcel libre nacido,
sin bridas ni fronteras que refrenen
ese espíritu indómito al que temen
quienes cargan un criterio inhibido.

Cabalga desafiando decidido
borrascas que tal vez lo desmelenen,
pero ha de evitar que lo encadenen
al yugo de este mundo sometido.

No pretendan aplacar su bravura
que es la forja y esencia de su sino,
ni pretendan corregir su camino.

 Vivir la vida, en sí, es una aventura,
derecho inalienable e intransferible.
Su albedrío no es tema discutible.


Zeltia G.



lunes, 7 de diciembre de 2015

Princesa, motera y peligrosa




Princesa, motera y peligrosa


Princesa en mi reino era,
todo un sol de primavera.
A mí venían guerreros
y galantes caballeros.

Sin embargo dentro mío
rebelándose en mi hastío,
de la noche a la mañana
de bizcochito a villana.

Eché de un puntapié al paje,
mandé al diablo mi carruaje
por la Harley que es un fierro
 y un sillín para mi perro.

Mis ojos tras negra sombra,
piercings  donde no  se nombra,
look greñas al rojo vivo
y un tatuaje muy lascivo.

Y eché a volar con mi sueño,
con cadenas y sin dueño.
Entre blasfemias y esputo,
aposté por el más bruto.

Mientras tú mi principito,
tan hermoso y tiernecito
en la alcoba arropado,
“la galleta te he colgado”.

Con mi fierro impresionante
con  mi alforja  muy campante,
 enfundada en negro cuero
tras mi pirata motero.

Musculoso y bien tatuado
donde nunca está soleado,
recorriendo Tramuntana:
birra, libertad y jarana.

De la pesca viviremos,
reos y heavys seremos.
Esta vida que me encanta…
Moto, carretera y manta.


Por ZeltiaG