The Zeltia's World


"Aprendí a ver el mundo con la fascinación y curiosidad de un niño y el escepticismo y desconfianza de un anciano para disfrutarlo sin decepcionarme"

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lunes, 10 de octubre de 2011

Silencio... Una lápida al poeta




Silencio. Una lápida al poeta

En la lobreguez de la hora aciaga,
donde la sangre del poeta se cuaja y enmudece...
Allí, sí, allí mismo morirán los versos
que otrora movieron montañas, secaron océanos
y arrancaron almas del infierno.

Desafortunada hora en que, sojuzgado por la noche,
le era arrebatada su esencia lírica y atemporal.
Instante mortal en que toda inspiración
sucumbió al devenir augurado
ante la silente penitencia de su pluma.

Una hoja en blanco es su legado, su obituario.
La tinta de sus rimas diluyéronse en mis lágrimas.
Y heme aquí velando el declamar de sus pasiones,
cinceladas como epitafio en una lápida anónima,
reminiscencias destinadas a olvido.



Por Zeltia G.




lunes, 3 de octubre de 2011

Passageiros do Espelho


Nuevamente, como por arte de magia... la varita me ha tocado y fui invitada por segunda vez a participar en una antología en Brasil. En esta ocasión, en una de cuentos. Lo más curioso que resulta es verme en otro idioma que ni siquiera domino. Pero Isabel Furini, en su inmensa generosidad, tomó mis relatos y los tradujo. Y se hizo el milagro... ¡Zeltia G. en portugués! Jooo! Un gesto maravilloso de la que estoy agradecida. 

Para los amigos de habla hispana, veré de publicar en español uno de los cuentos en a próxima revista ZK 2.0... Los invito a leerla, como la de setiembre que ya está en línea!


¡Gracias por estar!

domingo, 26 de junio de 2011

Billete de ida





Billete de ida

Me levanté con el alba, cogí mis cuatro cosas, esas que me atan a lo único que poseo: mi pasado. Una fotografía ajada, una carta, una pequeña maleta y una antigua llave era  todo cuanto quedaba de lo que alguna vez fui.
Antes que el sol se diera cuenta, había partido. Resuelto dirigí mis pasos a un incierto futuro o tal vez hacia el ayer.  Al principio fueron trémulos, inseguros, pero conforme me alejaba del punto de partida, mis pies se deslizaban con determinación y el desánimo se esfumaba. No miré hacia atrás. No suelo hacerlo, de modo que no haya opción a la duda. Las decisiones deben ser tomadas, sin prisas, pero una vez meditadas, es menester pasar a la acción.  ¿Qué buscaba? Todo y al mismo tiempo nada.  Quizás encontrar ese rincón donde no tuviera que volver a empezar, que tan solo me acogiera, me diera la seguridad de estar “en casa”. Pero sobre todas las cosas, debía acabar historias inconclusas, cicatrizar viejas heridas. Cerrar puertas que nunca debieron abrirse.
Un billete de avión, un largo viaje. El segundo de mi vida y el último. Nadie notará mi ausencia. Nadie aguarda al final de  mi destino. El reloj de arena, como mi tiempo, se estaba agotando. Un tiempo empecinado en marcar mis huesos con el fuego del dolor del desarraigo, de la pérdida.  Implacables recuerdos eran mi bagaje más tirano. Amargos, algunos. Breves, pero intensos otros. La soledad fue la única amiga fiel, esa que jamás te abandona. Los demás...,  partieron demasiado pronto. Sin adioses, sin lágrimas. Había llegado el momento de darle una tregua a esa fiel compañera, de concluir mi libro, de plasmar el epílogo y la firma.  
Después de muchas horas de carretera en un autocar destartalado por unos senderos perdidos entre montes y malezales, llegué a un pequeño poblado. Allí me dejó el chófer, con mi magro equipaje y mi silente presente. Ya me encontraba a un paso de donde todo comenzó. ¿Cómo no completar mi travesía?
Desandando los pasos de antaño llegué a una cabaña abandonada a orillas de un riacho, rodeada por sauces y castaños. Poco quedaba del techo a dos aguas de la  planta superior. Tras sus muros de piedra me aguardaban los ecos enmudecidos de una vida en familia, risas de niños, nacimientos y tragedias. El musgo y la hiedra ocultaban su fachada, dejando entrever una agrietada puerta de madera. Introduje en la cerradura la vieja llave de hierro y después de girarla hacia ambos lados reiteradamente, hasta que cedió el mecanismo oxidado, abriéndose por fin, con un lastimero quejido de sus goznes. Entré en una pequeña estancia amoblada con algunas antiguallas.  Un armario desvencijado, un catre con eones de polvo, una mesa rústica y un par de taburetes y al final junto a un ventanal tapiado, una estufa de hierro, con algunos enceres herrumbrosos. “Lo justo y necesario”, pensé.
La primavera se abría paso con las primeras flores del prado y el sitio resultaba agradable a pesar del lamentable estado de la vivienda. ¡Mi casa! Esa que siendo aún pequeño tuve que dejar por causa de la guerra y la miseria. A pocos metros del solar, se erigía la vieja iglesia en cuyo camposanto yacían enterradas mis raíces, mi gente y que ahora, clamaba por mí.
Coloqué con ternura el ajado retrato sobre la mesa. Me invadió una profunda nostalgia. Allí estaba yo en brazos de mi madre, siendo muy pequeño, posando junto a la familia que me llevaría a Buenos Aires para jamás regresar. Ese fue el último abrazo materno, el adiós. Después de mucho deambular, por fin me encontraba respirando el aroma de mis recuerdos, de esa infancia trunca de amor filial, de mi querida tierra.  En casa, ese hogar que jamás debió dejarme partir.  Acomodé la carta junto al retrato. Era mi despedida y obituario. Si un visitante casual me encontraba, conocería mi historia y mi última voluntad.
Según los médicos, mi enfermedad había tocado fondo. Posiblemente me quedaban semanas, días…, horas tal vez, aunque ya no importaba. Había llegado con el tiempo justo para saludar a mis viejos árboles, llorar ante la tumba de mis muertos y al fin darle reposo a mi cuerpo cansado en ese camastro, esperando culminar este viaje, que no es otra cosa que la vida misma.
Al fin yacería en mi terruño, como siempre supe que debía ser.    

Por Zeltia G.

Un poema de mi autoría publicado en portugués!

Mi gratitud a Isabel Furini, quién se ha tomado el trabajo de traducir al portugués un poema de mi factoría, publicado en su día en mi blog  en español "Siempre seré esa dama" y de compartirlo con sus lectores, en su site del Bonde News. 
¡Obrigado, Isabel! 
¡Recebe um grande abraço com meu carinho! 

Sempre serei essa dama
(Poema de Zeltia G.)



Foi uma dama que nas noites,
tecia doces quimeras,
Penélope sem reproche
quem só velava a espera.

Princesinha sem coroa
entre pilastras e muralhas;
que aguarda, mas não perdoa
que já não fiquem estrelas.

Uma a uma foram-se apagando
enquanto contava a sua ausência.
A negrura foi preenchendo
sua dor, sua alma e essência.

Essência de amor e paixão
fogo e brasa que acendia
a chama da sua inspiração
que oferendava noite e dia.

Mas pérfida Musa em tanto,
arrebatou a sua prudência
e sucumbindo ao seu encanto
renegou com urgência.

Esqueceu-se daquela que outrora
olhos de lua vestia,
enquanto chegava a aurora
arrebatado bebia.

Ontem rainha, hoje Cinderella,
não mais dama de teus contos
Na sua alma não há afronta...
nem tempo para lamentos.

Porque quem da com carinho
sem esperar nada,
corre o amor pelas suas veias
e dos ódios não há lembranças.

Mas foi impossível evitar
a solidão na tua alma.
Ao escolher, tens errado
o caminha até tua dama.

miércoles, 16 de febrero de 2011

SIEMPRE SERÉ ESA DAMA


Siempre seré esa dama

Fue una dama que en sus noches,
tejía dulces quimeras;
Penélope sin reproches,
quién solo velaba esperas.

Princesita sin corona
entre murallas y almenas;
que aguarda, más no perdona
que ya no queden estrellas.

Una a una fue apagando
mientras contaba tu ausencia.
La negrura fue colmando
su dolor, alma y esencia.

Esencia de amor y pasión,
fuego y ascua que encendía
la llama de tu inspiración,
que ofrendabas noche y día.

Más pérfida Musa en tanto,
te arrebató la cordura
y sucumbiendo a su encanto
renegaste con premura.

Olvidaste a la que otrora,
ojos de luna vestía,
mientras llegaba la aurora
de tu arrebato bebía.

Ayer reina, hoy Cenicienta.
No más dama de tus cuentos.
En su alma no hay afrenta... 
ni tiempo para lamentos.

Porque quién da a manos llenas
sin esperar nada a cambio,
corre el amor por sus venas,
de los odios no hay resabio.

Más fue imposible evitarte
la soledad en tu alma
Al optar equivocaste...
El camino hacia tu dama.



Por Zeltia G.

domingo, 30 de enero de 2011

Mis poesías... ahora con imagen y sonido.

"Sinfonía de un sueño de amor..." con todo sentimiento y el encanto de las cuerdas...


¡Gracias por estar aquí y espero que os haya gustado!

Zeltia G.

viernes, 14 de enero de 2011

Shhh... Escucha lo que no diré


Shhh… Escucha lo que no diré



¡Shhh… no digas nada!,
por favor escucha:
El silencio del olvido,
la profunda tristeza,
el desgarro en el alma.
Esa, la extraña del espejo
de mirada suplicante
y de agónicos latidos.
La que se niega a sucumbir
en el mutismo de tus versos,
del declive de mi mente
que divaga y se delira,
más no se resigna.

¡Óyeme por una vez!
Te pido que captes,
que divises mi destierro.
No existe amargura
totalmente muda.
No hay quebranto
sin marcas evidentes.
No hay lágrimas sin sal.
Del mismo modo,
no hay un ‘te quiero’
sin entrega absoluta.
No hay un adiós
sin llanto ni duelo.

¿Has oído? Mis delirios
otra vez hablan por mí.
Este fantasma errante
en que me he convertido
no sabe de coherencias.
Confusión, eso es lo que respira.
Dicotomías y ambigüedades.
Tanto habito cielos de amor
que estallan de golpe en júbilo,
como en negruras del desánimo,
ese que te invade y mata lento,
sin prisa, disfrutando
cada mueca de pavor.

Pero no..., no te marches aún.
No todo es malo, no todo
es desolación. Hay esperanzas,
ilusiones y si cabe, puedo decir
sin lugar a dudas,
que la vida es bella.
Que todo sufrir vale la pena.
Apreciar el arrullo del mar,
la ternura de tu sonrisa,
el recuerdo de tu piel.
Tu voz templando mis miedos,
tus ojos escrutando mi ser…
Ambos desdibujando el ayer.

¡Calla, escucha y siente!
Mi amor que te acaricia,
inspiración que se forja
en el calor de tu lírica,
en idílicos momentos
con los trazos de tu pluma.
En sonetos que sellaron
con infinita melodía
este efímero romance.
Cada instante permanece
eterno en mi universo.
Serán mi sueño y vigilia,
mi debilidad y fortaleza.

Shhh… escucha mi cielo,
compláceme por última vez!
Aún sumida en este infierno
de melancolías y sinsabores.
Hay amor, cantos y emociones,
hay calidez a manos llenas.
Siempre podrás volver
y seré noche estrellada o
suspiros de luna nueva.
Solo tú verás a la genuina.
Los demás no, no ven espectros.
Siempre he sido invisible,
y así continuaré.

Solo escucha silente:
Mi alma errante, penitente,
anhelante de pasiones,
cuyo único deseo era vivir,
habitar en ese mágico castillo
con hermosos jardines
y yo ser la flor de tu sueños.
La misma que culminó yerma,
disecada rosa que alguien olvidó
entre las hojas de un libro,
ese, en el que dibujé
con sangre y nostalgia
un bello y moribundo corazón.


Por ZeltiaG


martes, 4 de enero de 2011

La triste Musa y el poeta desolado




La triste Musa y el poeta desolado

I
(Clamor del poeta desolado...)

¡Oh, Señor! ¡Qué musa desalmada e infiel
confinó mi  inspiración al exilio!
¿Acaso no fui su dulce delirio
y en desoladas noches, licor y miel?

¿De esta forma mis alabanzas paga?
Sellando sus labios en triste olvido,
dejando al poeta con verso herido:
abriole el pecho cual filosa daga.

No se oyeron plañidos ni elegías...
Acepté el adiós como quién hiel traga,
matando el sol que alumbraba mis días.

Sin mí, la musa volverá a su fraga.
No tendrá más mi ternura y poesías...
Cual alma inerte que en soledad vaga.

*****
II
(Triste Musa desde su destierro...)

¡Oh... Mi Señor! ¡Fui Sol, Luna y ensueño!
Seducida a cruel antojo y voluntad,
como si una Musa fuera propiedad,
al capricho y desidia de su dueño.

 ¡Espesa es la negrura del desprecio!
De ser diosa en las noches de arrebato,
a despojo que olvida el insensato...
¿Y pretende que pague innoble precio?

Sabe bien como subyugar mi alma.
¿Por qué me ha abandonado en triste pecio,
sin versos, ni velas y un mar sin calma?

Envuelta de ilusión voy muy despacio.
Aún guardo resabios de ardiente flama
de ese romance que colmó mi espacio.

Por Zeltia G.