The Zeltia's World


"Aprendí a ver el mundo con la fascinación y curiosidad de un niño y el escepticismo y desconfianza de un anciano para disfrutarlo sin decepcionarme"

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domingo, 30 de diciembre de 2012

Yirando entre Caminito y Maciel




Yirando entre Caminito y Maciel

Triste adoquín de La Boca y Quinquela,
oculta el gris de sus pobres fachadas;
yiras sin rumbo en tus noches sin luna,
una hoja en blanco, nostálgica pluma
que en colorines de amor y redadas,
traza una historia de pena y rayuela.

Por Caminito arrastras tu cielo,
lejos quedaron los días de tango.
Al bodegón de mala muerte huyes
y con vino rancio el alma diluyes
dilapidando hasta el último mango…
Grotesca sombra de espíritu en duelo!

Oscuros recuerdos, fiel compañía.
Infancia con hambre y sed de cariño.
Días de Maciel, yiro y balacera
que esconde bajo el zinc, frío y gotera.
Las ratas velan tu sueño de niño
y el pegamento es tu falsa alegría.

Hoy te pintas la cara de payaso;
disimulas tus huellas bajo el fango
evitando tu siniestro pasado
y a la yuta, que te tiene fichado,
que hostiga y picanea con su rango
y que te afana la blanca y el faso.



ddddddd*ccccccc

*Jerga del lunfardo aún hoy utilizada por algunos nostálgicos del “rioba porteño”…

Afanar: robar.
Blanca: el dinero (también suele referirse a la droga).
Faso: cigarrillo.
Rioba: Barrio.
Mango: hace referencia al dinero (peso, centavo).
Yirar (Yirando): vagar, pasear sin rumbo fijo. 
Yiro: prostituta.  
Yuta: la policía.



Benito Quinquela Martín: (Bs. As. 1890-1977) uno de los pintores argentinos más célebres. Su obra se centraba en paisajes portuarios, el trabajo más notable es el que hizo en el Barrio de La Boca pintando las fachadas de colorines y realizando impresionantes murales en diversos sitios. Caminito fue su iniciativa, apoyado por el gobierno municipal que construyó la famosa Calle museo con el nombre del famoso tango.

Caminito: Hoy es un callejón museo sito en el barrio porteño de La Boca, en la Ciudad de Buenos Aires. Un lugar de importancia cultural y turística.

Isla Maciel: Es un barrio de la ciudad de Dock Sud, partido de Avellaneda, Provincia de Buenos Aires. Aunque se la denomina isla, en realidad es una barriada separada del barrio Porteño de La Boca por el Riachuelo (Río Matanza), a la que se accede por el viejo Puente Nicolás Avellaneda. Gran parte de su extensión es una de las villas miserias más antiguas del país, que arrastra desde finales del S. XIX la mala fama de ser un gran lupanar y un reducto de ladrones y proxenetas, es decir: chorros y cafiolos.


En realidad es un lugar donde  mucha gente intenta sobrevivir. Aunque la mala fama suele ser el tamiz de selección de una sociedad, allí vive gente buena y también mala, como en todas partes. Personas con sueños, penas y alegrías, con una historia, pero que el tiempo y el progreso las fueron separando, empujando hacia ese limbo que llaman miseria y que el resto pretende “no ver” aislándola en los suburbios. Allí tan solo se dejan llevar por la inercia de la existencia marginal, una vida de la que no es nada sencillo escapar.


Por Zeltia G.


sábado, 29 de diciembre de 2012

Renacer a la luz del amor



Renacer a la luz del amor

Como gotas de amarga miel, el cántaro silente
derramó triste esencia con un adiós sin palabras.
La nostalgia me desgarró el alma y el corazón.
Lacónica transito por los valles de tu recuerdo
surcados por estrechos senderos sin retorno,
indómita ante la implacable prisa del tiempo.
Hoy mis ojos cansados y sin brillo, vierten lágrimas
que se diluyen en el profundo mar de tu ausencia.

Exultante, melancólica, distante o apasionada.
Así pasa mi enigmática vida, cíclica, ambigua.
Muriendo cada día un instante... otro  y otro más.
Vivencias que otrora yacían dormidas, olvidadas.
Como mariposas insolentes surgen y se arremolinan
en este paisaje bucólico en lujurioso tornasol.
Se empeñan en colmarme de serenas sensaciones
para arrancar de mis lívidos labios una triste sonrisa.

Mágicas melodías fluyeron del aire vestidas de luz
traicionando mis sentidos, adulterando mi exilio
 con ilusiones embebidas en aquellos ecos lejanos.
Tras  las delicadas estrofas de un romance etéreo,
que duró lo que el estallido de una alborada,
se mecía inexorable la sombra de tu nombre.
Desafiante encaré al viento norte, enfrenté su furia
y de su destemplanza logré esconder mi fragilidad.

Sé que al final el amanecer traerá un nuevo día,
saldrá el sol renovando la alegría de ser.
La embriaguez de aquellos dichosos  momentos
dejarán de ser una mueca absurda y creeré…
otra vez creeré en lo placentero de una caricia,
en la dulzura de una mirada diáfana y exquisita.
Cederé una vez más al sutil encanto de  lo más sublime:
nuestra alma gemela, ese vínculo perfecto de amor.

Por ZeltiaG


martes, 18 de diciembre de 2012

El Hombre y la Muerte (Interpelación)


El Hombre y la Muerte Interpelación

 Hombre  —¿Por qué me seguís,  so infernal saco de  pestilencia?
¿Qué debo darte?  ¿Acaso tengo algo de tu pertenencia?
Muerte  —¡Debes mi salario acumulado,  por esto, tu vida exijo!
 ¡Poseo pleno derecho y tomo en el momento que elijo!
Hombre  —¿Quién te ha mandado?  Dime, ¿quién ha perpetrado
semejante vileza? ¿No poseo derecho alguno a reclamo?
Muerte  Nadie jamás hasta hoy siquiera a mirarme ha osado,
menos aún replicarme. ¡Afrenta! ¿Humillada por humano?
Hombre  —¡Vedme  una vez más!,  explicadme frágil osamenta…
¿Quién está tan dispuesto a no daros lucha? ¡Argumenta!
Muerte  Los enfermos y endebles nunca  ofrecen resistencia.
¡Los menesterosos y santos son mi dádiva de excelencia!
Hombre  Yo  no pertenezco a  ellos. Soy un simple y humilde vivo
que solicita una explicación consistente por dicho castigo.
Muerte  —¿Creéis que os ilustraré sobre los asuntos del Gehena?
¿Pensáis que me distraeréis eludiendo vuestra condena?
Hombre  —¡Nunca osaría desafiar a Vuesa Merced!  Solo escruto…
¿Qué recibo?, ¿es sensato pagar feneciendo? ¡Niego Tributo!
Muerte  —¡No podéis, inaceptable! ¡Por eso os llamáis mortales!
 ¿Esperáis salir airosos?  ¡Vuestros arrojos son intolerables!
Hombre  Una pregunta… ¿Y vos qué lográis con semejante hazaña
consumando  la ciega eterna con ejecutora  guadaña?
Muerte  —¡Oh, cruel inquiridor  en llaga infecta habéis hurgado!
¡Intuís que mi errático camino va hacia el final apresurado!
Hombre  —¿Es acaso eso cierto? Entonces, dime espectro maldito,
¿por qué persistís en tan aciaga encomienda? ¡Di, expedito!
Muerte  Mientras os persigo, de algún modo, huyo de mi suerte.
Solo sé que poco queda de ciega para el final de la Muerte.
Hombre  Entonces, ¿qué más da que cobréis otro día? ¡Observad!
Vuestro juicio fijado está. Hoz agónica... ¡Dejad la humanidad!
Muerte  Yo no dicto las reglas, solo efectúo el trabajo. ¡Acabado!
¡No demoréis la hora, es tiempo de pagar por vuestro pecado!
Hombre  Un desafío propongo: sé que debéis cumplir con el recado.
¡Jamás  tragaríais hasta hartarte de inicuos de un solo bocado!
Muerte  —¿No sois todos malignos? Vosotros nacéis impuros, crueles.
No hago excepciones.  Grandes y pequeños; fuertes y débiles.
Hombre  Buscad a aquellos que arruinan la Tierra, perversos, egoístas,
blasfemos, culpables de derramamiento de sangre y homicidas.
Muerte  —¿Y qué gano con eso? ¿Debo creer acaso que eso retrasará
desafortunado final? ¿O alguna luz de esperanza para mí habrá?
Hombre  —¡Ve, ejecuta y siente la complacencia de una excelente labor!
Esperaré mi momento y acataré el devenir  sin pena ni clamor.


aaaa*bbbb


Y allí fue la muerte en su caballo pálido cegando la vida de todos aquellos que osaron resistirse. De los despiadados, de los arrogantes, carentes de amor, violadores, asesinos, cobardes, mezquinos,  burlones, envidiosos… hasta el hastío, hasta que sus arcas rebalsaban de los cadáveres putrefactos y nauseabundos de la impía humanidad.  Su vasta boca cargada del amargo sabor de la hiel destilada de los saqueadores de almas inocentes y de aquellos que aplastaron las cabezas de humildes y santos, claudicó. El Hades y el Gehena estaban tan colmados  que sus recintos cedieron.
Muerte saturada de oprobio y malignidad ya no soportó y se atragantó en medio de un mar de vómitos.  Su carga de iniquidad era tan inconmensurable que se detuvo en seco, no pudo continuar en su incesante deambular y en ese mismo instante fue alcanzada.  En medio de arcadas, devolvió a todos los muertos, de grandes y pequeños, los asesinados y sacrificados…
Ante los ojos de la humanidad sobreviviente quedaba la firme evidencia de que la profecía largamente esperada, se cumplía:
“Y el mar entregó los muertos que había en él, y la muerte y el Hades entregaron  los muertos que habían en ellos y fueron juzgados individualmente según sus hechos.”
“Y la Muerte y el Hades fueron arrojados al lago del fuego…”         (Revelación 20: 13 y 14)
Y ese día fue el final.
Y ese mismo día fue el comienzo de un nuevo principio.


                                                                                                             Por Zeltia G.







lunes, 17 de diciembre de 2012

De druidas y perturbados





DE DRUIDAS Y PERTURBADOS


¿Qué miráis?, ¿Os debo yo tributo o pleitesía?
¡Meros seres abyectos y rufianes!
¿O acaso os deleitáis mofándose de Usía?
¡Pobre chusma de función circense!
Ja-ja ¡Jóvenes! ¡Si en mis años mozos estuviere,
ya os ilustraría bien en modales!
¡Sí, Corred! ¡Id hacia el regazo de vuestra madre!
¡Mediocres imberbes, indeseables!
¡Id gimoteando! Sois unos mimados groseros,
todos iguales, babeantes y cobardes.
De naturaleza ruin sin vestigio de caballeros,
tan solo una recua de lenguaraces.

¡Oh, vos Damas, grotesco séquito de marquesas!
¡Sí, vosotras, hato de harpías suspicaces!
No soy bella, lo sé. Más no dilapido mi agudeza
en hipocresías, ni en viles necedades.
Vosotras desfallecéis por ser de la aristocracia,
¿os concede casta, atuendo y modales?
Provengo de real alcurnia y no incurro en falacias.
¡Plebeyas, pérfidas de costosos trajes!
¿Decís que estoy perturbada? ¿Y qué es la cordura,
debo ofuscarme ante tales ultrajes?
No repararé en seres de baja estofa, ni en gentuzas
que se regodean en blasfemias y pillajes.

Vosotros ahora no sois mi inmediato desasosiego…
¿Qué han sido de mis almenas y bastiones?
¿Quién por exiguas riquezas ha mancillado mi ego?
Yo, Druida, designada por los antiguos dioses,
privilegiada entre las castas celtas. Amada y temida.
Gran Señora de Comarcas. Terror de reyes.
Ante mi puño elevado pueblos enteros sucumbían.
Ahora proscrita a un antro degradante,
burlada entre hediondos y pútridos vahos cada día.
¿Acaso he descendido al tártaro flagelante?
Como en un mar de tormentos asedian mis miedos.
¿Serán las almas en pena que me acometen?

¿Dónde están todos, los insidiosos y enjuiciados?
Lo único que diviso que esto no es el Edén.
Atravieso estoica lóbregos corredores y antesalas.
Aparecen de la nada entes que me ciñen,
me acosan, no hay deferencia en sus altivas miradas.
Inmaculados sayos del averno surgen…
¿Quién sois? ¿Por qué venís a mí, de qué Éteres salís?
¡Arrastráis mi humanidad, mala simiente!
Oscuridad… ¡Dejadme, jamás imploraré!, ¿me oís?
¡Os exijo, o que vuestras cabezas rueden!
Si no me liberáis, aniquiladme y aún seréis magnánimos.
Pues, si cordura exigís a la perturbada mente,
Dios os asista y perdone, muero digna ante vos…
El infierno no será tan clemente.



***FRENOPÁTICO DE SANTA CATALINA…


Donde la realidad y la ficción son la misma cosa.
Días de Visitas todos o ninguno… según cuadre, aunque por caridad sería bueno hacerse un tiempo, aun sabiendo que nunca se enterará que le visitaron. Aun teniendo en cuenta que jamás tendrán presente el nombre de quién le ha visitado.
La mayoría allí jamás recordarán que alguna vez tuvieron otra vida.




Por ZeltiaG


lunes, 10 de diciembre de 2012

En los Arcones del Tiempo




En los arcones del tiempo

Atardeceres  invernales, fogón encendido.
Aguacero y ventisca arrecian con fuerza.
Me cautiva contemplar en el cielo oscurecido,
imponentes relámpagos que fraguan su belleza.

Mis ensueños me conducen a un país lejano.
Cabalgando voy cual guerrera decidida.
Mis ojos buscan en la distancia a Gaia en vano,
mis dedos trazan en el cristal el rumbo de ida.

El insolente aroma de un exquisito chocolate
logra arrebatarme de mi épica  fantasía.
Las tortitas en la mesa listas para el ataque…
Dragones,  caballeros os dejo, ¡hasta otro día!

Una niñez simple, una imaginación fecunda.
Mis dibujos recreaban castillos y bellas flores.
La mascota favorita que añoro sin duda.
Mis cuentos, mis muñecas y lápices de colores.

En  tardes estivales, escondidillas bajo el sol.
Rayuelas contorneadas en las aceras gastadas.
Tallado en un árbol el nombre del primer amor.
Evocaciones de  dulce fruta recién arrancada.

Memorias guardadas  en los arcones del tiempo.
Nostalgia de placidez sabatina junto a mi padre.
Ávida de  historias deseaba perpetuar el momento,
arrullada  junto al cedrón, jazmines y azahares.

Por Zeltia G.




Poema destacado en Letras y Algo Más en el mes de diciembre de 2010

domingo, 9 de diciembre de 2012

Apetecible




Apetecible 

Si un bombón te parece suficiente
para ver sosegados tus anhelos,
desnúdale y sutil quita sus velos,
paladea su dulzor complaciente.

 Cortéjalo con frutos del Oriente,
sensación que te eleva hasta los cielos
arropado en nubes de caramelos
y te arrebata el frío, bien caliente.

En la cocina es alma de alquimista
de Norte a Sur no hay ser que se resista.
Apetecible encanto en negro y blanco

que el estío derrama por el flanco
 de esa oblea que tienta tus ojitos;
chocolate… el placer de los gorditos.


Por Zeltia G.


martes, 4 de diciembre de 2012

Seducción





Seducción

Capaz de seducirte sin palabras.
Su juego esa mirada cautivante,
una luz de velas tenue y fragante,
un misterio que reta a que lo abras.

Mágicos pases de “abracadabras”,
como genio de lámpara y turbante,
con sonrisa gentil, tan elegante,
susurra sus poemas en penumbras.

Fiel a su estilo, cadencia en soneto,
 con delicias domina hasta los sueños,
los castos, los impuros o risueños.

Seducción que te abarca por completo,
saboreando tus labios y mejillas,
como un mar que subyuga sus orillas.


Por Zeltia G.



sábado, 1 de diciembre de 2012

Augusto caballero



Augusto Caballero

Poeta que arrebata mil suspiros
con un decir que el cielo languidece,
juglar que a cortesanas enardece
obsequiándoles versos cual zafiros.

Permitidme señor, he de deciros:
augusto caballero me enaltece
al darme la flor que en su alma florece,
no sé cómo poder retribuiros.

Dejadme que os dedique mil abrazos
envueltos en satén de rojos  lazos,
y un gran racimo de besos granate

con sabor a frambuesa y chocolate.
Por último mi sueño, el más osado,
 dejaros sin aliento de un bocado.


Por Zeltia G. 


viernes, 30 de noviembre de 2012

Dulce decir



Dulce decir


En noches de invierno, suave caricia,
en cada estrofa de este romancero.
Bailan las musas bajo el aguacero,
dentro los leños, cadente delicia.

Miel y pasión que el idilio propicia,
fascinante cual fulgor de lucero.
Dulce decir de un amor hechicero
que aún distante me sabe a albricia.

Abrazos etéreos sisan bandidos,
invaden mi piel sin ser disuadidos.
Sentirte tan cerca, estando aún lejos,

un seductor que embriaga los sentidos.
Mis labios te pronuncian embebidos
entre néctares de rojos reflejos.


Por Zeltia G.


martes, 20 de noviembre de 2012

Inalcanzable




Inalcanzable

Mi vida como el rocío fluye
entre hojas marchitas de invierno,
bajo un sol taciturno y distante
que arranca del pecho un lamento,
lamento que sangra silente
por los cauces del recuerdo
y llegaste a doler  tanto, tanto…
que me quedé sin aliento.

Inalcanzable a tus ojos, lejana,
tal vez en un rincón del desconsuelo,
exilio que me consume y profana
donde el olvido es  tan solo sosiego,
sosiego  que requiebra el alma,
sutil extravío  del  tiempo
y llegaste a doler  tanto, tanto…
que me refugié en el averno.


Por Zeltia G.




martes, 13 de noviembre de 2012

Papá por siempre




Papá por siempre


Peregrinaré por la inmensidad de tus bosques.
Te evocaré entre las hojas mecidas por la brisa
coloreando  mi mundo con mágicos toques,
por tus nostálgicas sendas iré serena y sin prisa.

Me embriagaré con el néctar de frutos y bayas.
Me reencontraré con la vida que creí perdida.
Volveré mis ojos hacia tus maravillosas playas
esperando repujar sobre tus huellas las mías.

Bordaré en mis sueños el verdor de tus montes,
dejaré correr mis lágrimas cual cristalinos ríos
sobre esas piedras  que conocieron tu nombre,
sobre esos prados que te arrullaron de niño.

Oh padre mío, galleguito,  que un día marchaste
con tus anhelos de edenes de sol y abundancia.
Esta tierra esperaba tu regreso, más no llegaste,
pero mi alma escuchó su llamado en la distancia.

Te veo en mis vástagos e imagino, cuán feliz serías
emocionándote en las bellezas de tu Galicia amada,
recorriendo juntos acantilados, cascadas y rías.
Evocando  viejas cantigas al son de una gaita lejana.


A mi Padre:
“Entrañable, queridísimo y añorado”

Por Zeltia G.