The Zeltia's World


"Aprendí a ver el mundo con la fascinación y curiosidad de un niño y el escepticismo y desconfianza de un anciano para disfrutarlo sin decepcionarme"

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miércoles, 31 de octubre de 2012

Sonrojada


  
Sonrojada

Sonrojada cual manzana bermellón,
esas que te seducen de la tarta,
se vistieron mis mejillas cual crayón
por tus ricos “sonetos a la carta”.

Me vi obligada a azotar mi Musa,
responder a la altura era preciso.
Escurrirme en tus sueños cual intrusa,
robar tu corazón en este inciso.

Mis manos enlazaron los abrazos
que elevaron mi alma en ambrosías.
Mis labios libaron de tus hechizos

susurrando entre besos melodías
colmando de pasión nuestros deseos,
sensación de delicias compartidas.

Por Zeltia G.


martes, 30 de octubre de 2012

Volver de las cenizas



Volver de las cenizas

Tiempos de soledad, piadosa morada
donde ocultar la humanidad desterrada,
un alma errante, sedienta, envenenada
que juró vivir por siempre renegada.

 En sus labios la acritud de lo perdido,
desangrándose por dentro sin sentido.
El vislumbre de un nirvana prometido
se filtró entre las grietas de su olvido.

 Como Fénix regresó de su ceniza
aferrada  a un atisbo de esperanza,
batió sus alas y en delicada danza
alzó vuelo perdiéndose en lontananza.

Por Zeltia G.





lunes, 29 de octubre de 2012

Pasión y deseo




Pasión y deseo


Muchas veces el amor y los sueños
nos prendan con quimeras y deseos,
sensaciones de  apasionados besos
de los que quizás, jamás seamos dueños.

Aun así pervivimos con anhelos,
nos lanzamos al vacío sin pensar
que el mañana en el futuro ha de quedar,
abrazando el ahora sin recelos.

Sin tiempos, sin palabras y sin miedos.
La noche es joven y fugaz fenece
esperando que el alba nos abrace

y nos sumerja en un mar de susurros,
entre miradas etéreas cual cirros,
nos rendimos ante un sutil romance.


Por Zeltia G.


sábado, 27 de octubre de 2012

Llora tu cielo, Santiago...




Llora tu cielo, Santiago...
(Chora teu ceo, Santiago...)


Traspondré arcadas, abrazaré tus murallas.
Eternas rúas de nocturnos adoquines espejados.
Suspirando bajo la trémula luz de tus farolas,
mientras respiro bocanadas de  historias y leyendas.
Entre la densa nubosidad que tu cielo oculta,
tu amiga luna, se abre paso empeñada en sonreírte.
Al son de gaitas guardará tus dulces sueños,
invitándome a vivirte, a palparte, a perderme en ti.
Luego se irá, dejándome sola bajo su halo,
arrullada por el canto de algún trovador melancólico.
Bajo el húmedo manto de un éter plomizo
que te envuelve,  te besa y  hasta el alma conmueve.
Llovizna fresca,  que inspiras y entristeces.
Santiago,  yace subyugado  bajo tu mágico influjo.

Me disipo entre tus gentes, te busco y penetro en tus fauces.
Me adivino en sus caras, en sus tristezas y anhelos.
Sucumbo rendida ante ti, seducida por tus piedras milenarias,
Se excitan mis sentidos y me invades con tus voces,
esas que narran el por qué de tu existencia, de todos tus siglos.
Y de la mano me paseas por tus puentes románicos
que atraviesan  riachuelos de perpetuas aguas serpenteantes.
Tu Alameda nos obsequia  con fragantes magnolias,
rosas y camelias. De tus fuentes en piedra viva, brotan poetas.
Tú eres así, algarabía y nostalgia, la luz de las fiestas.
Tu Catedral que impera desde lo alto te observa y te canta.
A través de los eones tañen sus ermitañas campanas.
Suenan por tu grandeza, tus ilusiones, por todos tus muertos
y mientras camino me recuerdan que soy parte de ti.

                                                                                 Por Zeltia G.


viernes, 26 de octubre de 2012

Eres, soy… somos




Eres, soy… somos

Eres alegría y tristeza. Eres suavidad y pasión.
Encanto de miradas furtivas, eres  seducción.
Eres tentación y pecado, eres poesía y ternura,
un soneto en la distancia. Eres éxtasis y dulzura.

Soy lumbre y oscuridad, soy piedra y cincel,
barro en tus manos, soy hoguera en tu piel.
Soy céfiro en tu mar, soy bruma en tu colina,
un alma que agoniza. Soy verso, prosa y rima.

Significa que: si yo soy, tú eres… Nosotros somos
ambigüedad hecha tinta, somos reyes sin tronos.
Somos cielo y emociones, somos espíritu y aliento.
Somos mucho, somos nada,  levedad en el tiempo.

Por Zeltia G.


jueves, 25 de octubre de 2012

Acaso... ¿Habrá un mañana?




Acaso... ¿Habrá un mañana?

Cansada
y  en pánico porque la vida 'debe continuar'.
Desalentada
ante el infortunio de no vivir, solo respirar.
Atribulada
observo el rostro  de la crueldad cada día.
Asqueada
por inhalar el vaho inmundo de la rutina.
Oprimida
frente a la impotencia de alcanzar objetivos.
Angustiada
por mis obstinadas cavilaciones existenciales.
Convencida
acerca de que todo es absoluta vanidad.
Entumecida
hasta los huesos ante tanta indiferencia.
Deprimida
tras la vacuidad de mis absurdas jornadas.
Decepcionada...
Me  expreso incompatible con las mentiras,
Defraudada...
Hasta el punto de querer ser invisible.
Anhelante
de escapar hacia una geografía inerte.
Estoica,
sé que puedo... Pero me niego, no más.

Inquisitiva,
en un mundo que no tiene respuesta.
aguardando  ser erradicada y depuesta,
para regodeo del sádico y mezquino,
quién después de incurrir en desatino,
se redime sin culpa de su ruin camino.

Y se pregunta…  ¿quién soy? ¿Qué soy?
¿Acaso padeces de frágil memoria?
No quedan huellas de la escoria
¡Olvidemos el ayer que hoy es hoy!

Sin embargo no cejo, insisto, persisto
cada día mirando a través de la ventana
me digo: acaso... ¿Habrá un mañana?
¡Solo me consta que aún existo!

Osada.
A estas alturas, aunque nada es relevante,
vivo igual mientras se acerca  el detonante,
sea, para fenecer en la futilidad existente
o  por una excentricidad demente,
nos hallamos ante la cita pendiente.

¿Tomamos un café?
... Yo, cortado y poca azúcar.

Por ZeltiaG

Desde la inmensidad del océano







Desde la inmensidad del océano

Un día más, camino acompañada por esta fría soledad a la que ya estoy habituándome. Como un ritual desde tu partida voy a buscarte, donde tú ya sabes, a tu adorado mar. Mis senderos son siempre los mismos, los mismos parajes, esos donde puedo encontrar escondidos mis recuerdos y tristezas. El murmullo de su oleaje  me indica que estoy muy cerca. Tras pasar unas ondulantes dunas su brisa llegó a mí, envolvente y serena. No pude evitar caer bajo el influjo de su encantadora majestad. Pese a todo lo ocurrido, no le odio.  Aquellos que muy bien le conocemos, sabemos las reglas del juego y tú, mi amor, lo sabías más que nadie.
Otra vez me encuentro frente él, este vasto océano que hoy me sabe extrañamente sosegado. Me voy acercando sin dejar de visualizar el horizonte. No espero verte, tan solo es un juego entre el mar y yo. Me apetece provocarle. Voy adentrándome en él sin esperar nada, no pretendo que revele sus secretos. Sin embargo, desearía ser capaz de arrancárselos y descubrir a cuántos nos ha robado los sueños, a cuántos nos ha matado en vida.
Apenas una bajamar lame con su tímido oleaje la blanca y fina arena que se extiende bajo mis pies. La descarada espuma que me roza, me distrae de mis cavilaciones. Me recuerda lo bello que es, mas... no exalta mis sentidos. Su embrujo fue eclipsado. 
Sumida en mis divagues, hablándote como si en algún momento fueses a responder, me di cuenta de que aunque me lo había prometido, estaba incumpliendo mi propio juramento. Todo esto me rasgaba el alma, me destrozaba de dolor. Una y otra vez, incurría en la misma debilidad: mis ojos te buscaban en la inmensidad del océano. Lo sabía muy bien. La experiencia de toda una vida a sus orillas me lo dictaba: jamás regresarás. Sin embargo, mi incansable espíritu quebrado insistía en la eterna tortura. Todo en mí deseaba tener esa fútil esperanza. Anhelaba volver  a perderme en tus ojos, hundirme en el calor de tus brazos... Verte una vez más.
Unos nubarrones en el horizonte presagiaban tempestad. Las formas caprichosas de las plomizas nubes iban dibujando en el cielo como un artista desquiciado. Poco a poco fui reparando en lontananza  cómo uno de esos cúmulos se iba tornando definido. Ante mis ojos parecía como una gran embarcación y por la dirección del viento, se dirigía hacia mí. Casi podía notar la fuerza con que Eolo inflaba su velamen.
De nuevo, los devaneos de mi mente me estaban jugando una mala pasada. Pero sin querer sacudirme tales enajenaciones, continué dando rienda suelta a mi tortuosa fantasía. Un barco..., tú barco se abría paso por entre la densa oscuridad de la tormenta y allí en la cubierta estabas tú, con esa serena sonrisa saludándome como siempre, con  el brazo en alto.
El viento comenzaba a arreciar, pero eso ya no importaba, no quería dejar de ver tu figura, ahora más cercana. El mar dejó de lado su calma, las olas rompían a pocos centímetros de mí. Pero lejos de atemorizarme, solo me provocaba ir a tu encuentro. Tus ojos aún fijos en los míos, me acariciaban con cada ráfaga de aire que me envolvía. Mis cabellos jugaban con el viento y tuve la sensación de que tu aroma lo invadía todo. Sin darme cuenta, me encontré flotando en el agua que  me arrastraba en su furia. No forcejeé, el vaivén de la marea hacía a su voluntad.  La tormenta estaba sobre mí, apenas me permitía respirar. Las embravecidas aguas me azotaban y la lluvia torrencial me golpeaba los ojos, nublándome la vista. Repentinamente, una gran cresta de agua me sumergió.  Contuve el aliento, quizás para retener ese instante que sería el último y  deseaba dedicártelo a ti. Ese sería mi recuerdo final.  Y te vi a pocos centímetros de mi rostro. Por fin mi mirada se perdía en la tuya. Sin querer comprender la gravedad de la situación, me entregué a ese momento tan tierno, donde la soledad ya no existía.  Pude sentir cuando cogiste mis manos entre las tuyas, como siempre lo hacías, con la ternura del gran amor que nos unía. Me atrajiste a tus brazos y cerré mis ojos intentando así eternizar ese instante. Mientras el oleaje enfurecido me empujaba y arremolinaba como a una muñeca de trapo..., hasta que la falta de oxígeno fue ganando la partida. 

Deslumbrada por una intensa luz, me resultaba muy difícil identificar dónde me hallaba, sin embargo reparé que, aunque con dificultad, podía respirar. Poco a poco, me fui dando cuenta dónde me hallaba y que era el sol el que me enceguecía. Tosí varias veces  y borbotones de agua salada salieron por mi boca y nariz. Con esfuerzo me incorporé. Estaba en una playa solitaria, empapada y enredada en algas. De la tormenta no quedaba ni rastro. El sol ahora en su cenit, en medio de un azul cielo despejado, me mostraba un paisaje bello y tranquilo.  Me sentía profundamente conmovida y no sabía bien por qué. Entonces la confusión empezó a ceder rememorando imágenes de lo vivido. Y te vi, ¡estabas frente a mí! Pude sentir tus manos aferrándome y notaba que me jalabas con fuerza. Nunca sabré qué fue lo que ocurrió, y eso resultaba desolador. El desamparo me invadió, mientras arrancaba de mi alma lágrimas de amargura y profundo desconsuelo. Recordaba lo cerca que estuve de estar contigo y que te había perdido por segunda vez.
Miré hacia mis manos y me quedé observándolas durante un rato. Una extraña sensación que me aterraba y me exaltaba a la vez, se apoderó de mí. En mi dedo anular, junto a mi alianza, había otra. La quité y en su interior pude leer mi nombre grabado, con la fecha de nuestro enlace. 
Supe lo mucho que me amabas y que aún no había llegado mi momento.



"Por esas mujeres y sus grandes amores perdidos 
en la inmensidad del océano"


Por Zeltia G.

lunes, 22 de octubre de 2012

Abstracciones abisales



Abstracciones abisales

Noches de ron e insomnio.
Morfeo, avieso, no asiste,
mientras sus párpados
desgajan el tic tac del reloj,
aletargados, desalmados,
dejando sus cuencas en carne viva.

Noches de andares displicentes
por vagones lóbregos, rancios
en odiosa agonía, casi obscena,
condenado a esperar
en una terminal abandonada
y sin hora de partida.

Noches de hastío y vacuidad,
de abstracciones abisales
que danzan hipnóticas
en el antro de las ánimas abatidas
entre  volutas de humo,
cabeceando en los brazos de Baco.

Noches que mueren al alba
velando cada reminiscencia
de la vil orgía etílica,
ese infierno dantesco
que torna la vida misma
en una fétida y viscosa ciénaga.


Por Zeltia G.

Tus Cartas Azules






Tus Cartas Azules

Deliciosas brisas susurran tu nombre,
vienen a mí, desde  el océano de tu mirada.
Enredadas en lo apacible del crepúsculo
resuena cada poema que soltaste al viento.
Desenterraron  momentos tan dolorosos...
Estrofas que  se diluyeron en la indiferencia,
en el paso del tiempo, en ese triste adiós.
En tus cartas azules guardé todas mis ilusiones,
       las enterré en los jardines del romance  infinito.
Pero los sueños de cristal aún laten en mis manos,
esas que anhelaron palpar el calor de tu piel
y que se marchitaron en  profunda soledad.
   Me erigí en estatua de sal, para resistir y no  llorar...
Hoy paseo por las estelas de la luna, cual sombra
 y en mi fortaleza me acoracé para no morir de amor.
El fantasma de la nostalgia me ronda, me acaricia,
me seduce con  melodías que desgarran mi alma.
Más con ternura alargo mis brazos para cobijarlo
invitándole a recostar su cabeza en mi pecho,
allí, donde yacen las letras de mi corazón.

Por Zeltia G.

viernes, 19 de octubre de 2012

INCIENSO Y CANDIL...




Incienso y Candil

En un cielo estrellado de versos,
yo, luna de abril.
Entre  lilas de pétalos tersos,
encanto sutil.

En tus letras tallaste los versos
que saben a  miel.
Sonetos moldeados con besos,
en azul pastel.

Surjo a la vida cada  anochecer,
con dulce poción
y en tus brazos el embrujo es placer,
hoguera y pasión.

Embriagados de amor y romance,
champagne  y satén.
Sensualidad de estrofas en trance
en suave vaivén.

Al son de sublime sinfonía,
éxtasis febril.
Suspiros amantes y ambrosía
de incienso y candil.


 Zeltia G.


  

jueves, 18 de octubre de 2012

Sinfonía de un sueño de amor





Sinfonía de un sueño de amor


Trágicas melodías que amortajan los sentidos.
Triste son de violines que desgarran mis anhelos.
Noche tras noche sucumbiendo me ahogo en desvelos,
bebiendo nostálgica de esos amores perdidos.

Y llegaste iluminando mi escondite eremita
donde nadie se atrevía a traspasar mi soledad,
con tu sencillez y apasionada naturalidad,
en clave de sol, luz diste a mi sonrisa marchita.

Encanto y sutil armonía que mi alma inundaba.
Intuirte…
Comprender este corazón que late
por ese caballero que mi vida rescataba,

 
de una agónica apatía que me hundía en dislate.
Calidez poética que al delirio me incitaba
a seducirte en sueños…
y discretamente amarte.



Por ZeltiaG


miércoles, 17 de octubre de 2012

RIMAS DESIERTAS



Rimas desiertas

Pétrea sombra  por Cronos condenada
al destierro en el confín del olvido.
Con el alma en un puño atenazada
me someto  al destino tan temido.

Yacer al fin bajo un mar de hojas muertas
coronada de otoño y sin memoria.
Pasión forjada en mis rimas desiertas,
sublime final de esta triste historia.

Despojada de ilusión y su sueño.
Prisionera de mieles, ¡qué dulzura!
Incapaz de odiarle, él era dueño

de labios que besaban con ternura,
de un fuego que volvía brasa un leño,
cruel juego que la hundía en la locura.

Por Zeltia G.


jueves, 11 de octubre de 2012

Versos huérfanos




Versos huérfanos


Mi mente es una hoja en blanco
donde danzan versos huérfanos,
hambrientos, casi famélicos de abrazos.
Mientras mis ojos cual carboncillos
esbozan caminos despojados de aceras,
sin oquedades ni obscuros escondrijos
por los que pudiera escabullirse mi sombra
abandonándome desnuda y a la deriva.


Inspiración me esquiva, díscola se rebela.
Se niega a ser pertenencia, quiere volar.
Permite que geste allí mis palabras,
luego las mezquina, se atiborra con ellas
sellando  mi boca para que no las pronuncie,
velando mis ojos para que no las encuentre
y al final se diluyen en el silencio nocturnal
pereciendo sin siquiera haber nacido.


Pero el espíritu creativo  es obstinado,
no se resigna a quedar en el limbo eterno.
Arremete contra el implacable mutismo,
escarbando  con manos desgarradas, sangrantes,
a través de los escombros del olvido indolente
para rescatar a ese viejo duende trovador
que conmueva con sus decires mis sentidos
y colme generoso mi hipotálamo estéril.


Por Zeltia G.