The Zeltia's World


"Aprendí a ver el mundo con la fascinación y curiosidad de un niño y el escepticismo y desconfianza de un anciano para disfrutarlo sin decepcionarme"

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jueves, 25 de octubre de 2012

Desde la inmensidad del océano







Desde la inmensidad del océano

Un día más, camino acompañada por esta fría soledad a la que ya estoy habituándome. Como un ritual desde tu partida voy a buscarte, donde tú ya sabes, a tu adorado mar. Mis senderos son siempre los mismos, los mismos parajes, esos donde puedo encontrar escondidos mis recuerdos y tristezas. El murmullo de su oleaje  me indica que estoy muy cerca. Tras pasar unas ondulantes dunas su brisa llegó a mí, envolvente y serena. No pude evitar caer bajo el influjo de su encantadora majestad. Pese a todo lo ocurrido, no le odio.  Aquellos que muy bien le conocemos, sabemos las reglas del juego y tú, mi amor, lo sabías más que nadie.
Otra vez me encuentro frente él, este vasto océano que hoy me sabe extrañamente sosegado. Me voy acercando sin dejar de visualizar el horizonte. No espero verte, tan solo es un juego entre el mar y yo. Me apetece provocarle. Voy adentrándome en él sin esperar nada, no pretendo que revele sus secretos. Sin embargo, desearía ser capaz de arrancárselos y descubrir a cuántos nos ha robado los sueños, a cuántos nos ha matado en vida.
Apenas una bajamar lame con su tímido oleaje la blanca y fina arena que se extiende bajo mis pies. La descarada espuma que me roza, me distrae de mis cavilaciones. Me recuerda lo bello que es, mas... no exalta mis sentidos. Su embrujo fue eclipsado. 
Sumida en mis divagues, hablándote como si en algún momento fueses a responder, me di cuenta de que aunque me lo había prometido, estaba incumpliendo mi propio juramento. Todo esto me rasgaba el alma, me destrozaba de dolor. Una y otra vez, incurría en la misma debilidad: mis ojos te buscaban en la inmensidad del océano. Lo sabía muy bien. La experiencia de toda una vida a sus orillas me lo dictaba: jamás regresarás. Sin embargo, mi incansable espíritu quebrado insistía en la eterna tortura. Todo en mí deseaba tener esa fútil esperanza. Anhelaba volver  a perderme en tus ojos, hundirme en el calor de tus brazos... Verte una vez más.
Unos nubarrones en el horizonte presagiaban tempestad. Las formas caprichosas de las plomizas nubes iban dibujando en el cielo como un artista desquiciado. Poco a poco fui reparando en lontananza  cómo uno de esos cúmulos se iba tornando definido. Ante mis ojos parecía como una gran embarcación y por la dirección del viento, se dirigía hacia mí. Casi podía notar la fuerza con que Eolo inflaba su velamen.
De nuevo, los devaneos de mi mente me estaban jugando una mala pasada. Pero sin querer sacudirme tales enajenaciones, continué dando rienda suelta a mi tortuosa fantasía. Un barco..., tú barco se abría paso por entre la densa oscuridad de la tormenta y allí en la cubierta estabas tú, con esa serena sonrisa saludándome como siempre, con  el brazo en alto.
El viento comenzaba a arreciar, pero eso ya no importaba, no quería dejar de ver tu figura, ahora más cercana. El mar dejó de lado su calma, las olas rompían a pocos centímetros de mí. Pero lejos de atemorizarme, solo me provocaba ir a tu encuentro. Tus ojos aún fijos en los míos, me acariciaban con cada ráfaga de aire que me envolvía. Mis cabellos jugaban con el viento y tuve la sensación de que tu aroma lo invadía todo. Sin darme cuenta, me encontré flotando en el agua que  me arrastraba en su furia. No forcejeé, el vaivén de la marea hacía a su voluntad.  La tormenta estaba sobre mí, apenas me permitía respirar. Las embravecidas aguas me azotaban y la lluvia torrencial me golpeaba los ojos, nublándome la vista. Repentinamente, una gran cresta de agua me sumergió.  Contuve el aliento, quizás para retener ese instante que sería el último y  deseaba dedicártelo a ti. Ese sería mi recuerdo final.  Y te vi a pocos centímetros de mi rostro. Por fin mi mirada se perdía en la tuya. Sin querer comprender la gravedad de la situación, me entregué a ese momento tan tierno, donde la soledad ya no existía.  Pude sentir cuando cogiste mis manos entre las tuyas, como siempre lo hacías, con la ternura del gran amor que nos unía. Me atrajiste a tus brazos y cerré mis ojos intentando así eternizar ese instante. Mientras el oleaje enfurecido me empujaba y arremolinaba como a una muñeca de trapo..., hasta que la falta de oxígeno fue ganando la partida. 

Deslumbrada por una intensa luz, me resultaba muy difícil identificar dónde me hallaba, sin embargo reparé que, aunque con dificultad, podía respirar. Poco a poco, me fui dando cuenta dónde me hallaba y que era el sol el que me enceguecía. Tosí varias veces  y borbotones de agua salada salieron por mi boca y nariz. Con esfuerzo me incorporé. Estaba en una playa solitaria, empapada y enredada en algas. De la tormenta no quedaba ni rastro. El sol ahora en su cenit, en medio de un azul cielo despejado, me mostraba un paisaje bello y tranquilo.  Me sentía profundamente conmovida y no sabía bien por qué. Entonces la confusión empezó a ceder rememorando imágenes de lo vivido. Y te vi, ¡estabas frente a mí! Pude sentir tus manos aferrándome y notaba que me jalabas con fuerza. Nunca sabré qué fue lo que ocurrió, y eso resultaba desolador. El desamparo me invadió, mientras arrancaba de mi alma lágrimas de amargura y profundo desconsuelo. Recordaba lo cerca que estuve de estar contigo y que te había perdido por segunda vez.
Miré hacia mis manos y me quedé observándolas durante un rato. Una extraña sensación que me aterraba y me exaltaba a la vez, se apoderó de mí. En mi dedo anular, junto a mi alianza, había otra. La quité y en su interior pude leer mi nombre grabado, con la fecha de nuestro enlace. 
Supe lo mucho que me amabas y que aún no había llegado mi momento.



"Por esas mujeres y sus grandes amores perdidos 
en la inmensidad del océano"


Por Zeltia G.

2 comentarios:

TIGUAZ dijo...

Sandra....
La Mar, no mata, matan los recuerdos, el no sentir el abrazo deseado, mata, quizás, tambien el recuerdo.
Un placer leerte, amiga, te sigo de cerca, un beso.

Zeltia G. dijo...

Bueno Tiguaz, debo disculpar la demora en contestarte, pero me encuentro ahora con este comentario del que no fui notificada! Tarde, pero gracias por tus bellas palabras, sabes cómo acariciar el alma con ellas!
Un abrazo amigo, como siempre, es un placer verte por mis letras... Recibe todo mi afecto!