The Zeltia's World


"Aprendí a ver el mundo con la fascinación y curiosidad de un niño y el escepticismo y desconfianza de un anciano para disfrutarlo sin decepcionarme"

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martes, 18 de diciembre de 2012

El Hombre y la Muerte (Interpelación)


El Hombre y la Muerte Interpelación

 Hombre  —¿Por qué me seguís,  so infernal saco de  pestilencia?
¿Qué debo darte?  ¿Acaso tengo algo de tu pertenencia?
Muerte  —¡Debes mi salario acumulado,  por esto, tu vida exijo!
 ¡Poseo pleno derecho y tomo en el momento que elijo!
Hombre  —¿Quién te ha mandado?  Dime, ¿quién ha perpetrado
semejante vileza? ¿No poseo derecho alguno a reclamo?
Muerte  Nadie jamás hasta hoy siquiera a mirarme ha osado,
menos aún replicarme. ¡Afrenta! ¿Humillada por humano?
Hombre  —¡Vedme  una vez más!,  explicadme frágil osamenta…
¿Quién está tan dispuesto a no daros lucha? ¡Argumenta!
Muerte  Los enfermos y endebles nunca  ofrecen resistencia.
¡Los menesterosos y santos son mi dádiva de excelencia!
Hombre  Yo  no pertenezco a  ellos. Soy un simple y humilde vivo
que solicita una explicación consistente por dicho castigo.
Muerte  —¿Creéis que os ilustraré sobre los asuntos del Gehena?
¿Pensáis que me distraeréis eludiendo vuestra condena?
Hombre  —¡Nunca osaría desafiar a Vuesa Merced!  Solo escruto…
¿Qué recibo?, ¿es sensato pagar feneciendo? ¡Niego Tributo!
Muerte  —¡No podéis, inaceptable! ¡Por eso os llamáis mortales!
 ¿Esperáis salir airosos?  ¡Vuestros arrojos son intolerables!
Hombre  Una pregunta… ¿Y vos qué lográis con semejante hazaña
consumando  la ciega eterna con ejecutora  guadaña?
Muerte  —¡Oh, cruel inquiridor  en llaga infecta habéis hurgado!
¡Intuís que mi errático camino va hacia el final apresurado!
Hombre  —¿Es acaso eso cierto? Entonces, dime espectro maldito,
¿por qué persistís en tan aciaga encomienda? ¡Di, expedito!
Muerte  Mientras os persigo, de algún modo, huyo de mi suerte.
Solo sé que poco queda de ciega para el final de la Muerte.
Hombre  Entonces, ¿qué más da que cobréis otro día? ¡Observad!
Vuestro juicio fijado está. Hoz agónica... ¡Dejad la humanidad!
Muerte  Yo no dicto las reglas, solo efectúo el trabajo. ¡Acabado!
¡No demoréis la hora, es tiempo de pagar por vuestro pecado!
Hombre  Un desafío propongo: sé que debéis cumplir con el recado.
¡Jamás  tragaríais hasta hartarte de inicuos de un solo bocado!
Muerte  —¿No sois todos malignos? Vosotros nacéis impuros, crueles.
No hago excepciones.  Grandes y pequeños; fuertes y débiles.
Hombre  Buscad a aquellos que arruinan la Tierra, perversos, egoístas,
blasfemos, culpables de derramamiento de sangre y homicidas.
Muerte  —¿Y qué gano con eso? ¿Debo creer acaso que eso retrasará
desafortunado final? ¿O alguna luz de esperanza para mí habrá?
Hombre  —¡Ve, ejecuta y siente la complacencia de una excelente labor!
Esperaré mi momento y acataré el devenir  sin pena ni clamor.


aaaa*bbbb


Y allí fue la muerte en su caballo pálido cegando la vida de todos aquellos que osaron resistirse. De los despiadados, de los arrogantes, carentes de amor, violadores, asesinos, cobardes, mezquinos,  burlones, envidiosos… hasta el hastío, hasta que sus arcas rebalsaban de los cadáveres putrefactos y nauseabundos de la impía humanidad.  Su vasta boca cargada del amargo sabor de la hiel destilada de los saqueadores de almas inocentes y de aquellos que aplastaron las cabezas de humildes y santos, claudicó. El Hades y el Gehena estaban tan colmados  que sus recintos cedieron.
Muerte saturada de oprobio y malignidad ya no soportó y se atragantó en medio de un mar de vómitos.  Su carga de iniquidad era tan inconmensurable que se detuvo en seco, no pudo continuar en su incesante deambular y en ese mismo instante fue alcanzada.  En medio de arcadas, devolvió a todos los muertos, de grandes y pequeños, los asesinados y sacrificados…
Ante los ojos de la humanidad sobreviviente quedaba la firme evidencia de que la profecía largamente esperada, se cumplía:
“Y el mar entregó los muertos que había en él, y la muerte y el Hades entregaron  los muertos que habían en ellos y fueron juzgados individualmente según sus hechos.”
“Y la Muerte y el Hades fueron arrojados al lago del fuego…”         (Revelación 20: 13 y 14)
Y ese día fue el final.
Y ese mismo día fue el comienzo de un nuevo principio.


                                                                                                             Por Zeltia G.







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